Alergia a los cambios de clima, ¿o a los cambios de vida?

 

    Septiembre y Octubre, que dicha de meses: ojos llorosos, narices escurridizas y gargantas inflamadas. El anuncio de un cambio de temporada se hace tan notorio en la salud de varios de nosotros, dejándonos indispuestos, vulnerables y algo molestos. Culpamos al polen, a la tierra, a las hojas, a los vientos, a las flores y a muchas otras cosas. Pero, ¿son en realidad éstos los culpables?

    Una alergia estacional es una respuesta del sistema inmune hacia una sustancia en el aire que no reconoce y la trata como si fuera un virus, una bacteria o algún otro patógeno que atenta contra la vida misma. Entonces, para responder a la pregunta anterior, no,  no son ellos los culpables. Es nuestro sistema inmunológico que no esta adaptado y capacitado para responder de la manera correcta a los cambios de clima, concluyendo que el problema no es el cambio de clima, sino nuestra respuesta a ellos. Si tan solo pudiéramos explicarle a nuestros sistema inmune que no se trata de un invasor, sino solo un cambio en el ambiente todo resultaría mas sencillo, pero lamentablemente no funciona así.

    Me pregunto, ¿qué tanta relación hay entre la manera que nuestro sistema inmune responde a los cambios de estación, y la manera en que respondemos emocionalmente a los cambios en la vida? Me atrevo a pensar que están demasiado vinculados, al menos de mi parte lo puedo afirmar. En muchas ocaciones parezco sufrir de una “alergia emocional” cuando viene un cambio repentino o fuerte a mi vida que va en contra de mis ilusiones y expectativas. Pareciera que mi mente no logra encuadrar la realidad con mis expectativas y entonces la trata como un invasor a mi bienestar y felicidad. Responde con todo tipo de emociones distorsionadas como miedo, enojo, frustración, tristeza, ansiedad, estrés, etc, etc, etc. Pero, ¿es en realidad culpable la vida por los cambios repentinos que están fuera de nuestro control y que no concuerdan con nuestras expectativas?

    No, la culpable no es la vida ni las circunstancias que no se alinean con nuestros ideales. El problema es nuestra respuesta a los cambios, tal como lo es la respuesta del sistema inmunológico a un cambio estacional. El problema es querer aferrarse a los ideales, a las metas, a las ilusiones y a las expectativas, olvidándonos que la naturaleza de la vida es el cambio. Creo que si lográramos con humildad aceptar que el universo no gira a nuestros pies, y que la vida nos va llevar por donde nos quiera llevar, seremos capaces de adaptarnos a los cambios de una manera mas llevadera. Pero tal y como no le podemos ordenar a nuestro sistema inmune que se relaje que no hay una invasión patógena, de la misma manera no le podemos ordenar a nuestra mente que se calme y acepte la vida tal y como es. Tanto el uno como el otro se tienen que trabajar y fortalecer con paciencia, practica y dedicación, y solo entonces, podremos enfrentar con una respuesta adecuada aquellos cambios repentinos de la vida que están completamente fuera de nuestro control.

Minimalismo: Mi comienzo

  Hace algunas semanas me topé con el documental de Netflix llamado “Minimalism,” y para mi fue la culminación de todo lo que he estado aprendiendo en los últimos meses; algo así como la pieza faltante a un gran rompecabezas de aprendizaje. Quiero hablar sobre lo que ha significado el minimalismo para mí, ya que para todos se adapta de acuerdo a sus circunstancias.

  Empezando por el concepto, ser minimalista no significa vivir en reclusión ni privarse de posesiones ni placeres. Mas bien significa quitar de tu vida todo aquello que no necesitas, y de esa forma dar espacio a lo que es indispensable, importante y aquello que añade valor a tu vida; y esto es en todos los ámbitos, tanto material como en las relaciones y pensamientos. Vivimos con tantas cosas materiales y apegos que creemos son indispensables, pero en realidad solo estamos fomentando un estilo de vida consumista, donde creemos que necesitamos tener ciertas cosas para ser felices. Si tan solo pudiera tener esa cámara, sería mas competente en el mundo de la fotografía. Si pudiera tener ese sillón, esas cortinas o ese carro mi vida estaría mas completa. Si tuviera mejor cuerpo, mejor ropa, una casa mas grande, celular mas nuevo, mejor sueldo, etc, etc, etc… Y ahí se nos va la vida, esforzándonos por conseguir mas cosas y por lograr ser mas para llenar ese vacío que cargamos.

  Para mi el consumismo no ha sido comprar cosas compulsivamente porque mi sueldo es muy bajo, pero si ha sido una mentalidad consumista de desear tener muchas cosas, y eso me ha producido una tremenda infelicidad y ansiedad. Lo poco que estaba percibiendo de salario lo gastaba comprando cosas para la casa, ya que para mi la decoración de la casa ha sido una cierta obsesión. Muchas veces me sobrecargaba con trabajos extras con la motivación de comprar un mueble específico, sin importar el cansancio y el estrés que me echaba encima. Una vez que obtenía lo que quería me sentía feliz, pero inmediatamente estaba pensando en comprar el siguiente objeto que hiciera juego con el que acababa de comprar. Algo similar me sucedió con la ropa pero en un grado mas bajo. Tenía esta idea de que si tengo ropa que está de moda voy a verme bonita y la gente me va aceptar; por lo tanto me voy a sentir feliz y ese sentimiento de rechazo y auto-odio que cargo se va desaparecer. Pero una vez que compraba esa blusa, esos zapatos, ese suéter me seguía sintiendo igual de vacía, igual de fea y enferma. Entonces necesitaba comprar mas…

    Hace un año tuve un punto de quiebre en mi vida que me llevó a preguntarme: ¿Qué es lo importante en la vida? En un periodo muy corto de dos meses tuve perdidas realmente significativas: una relación de noviazgo de 3 años se terminó, hubo recorte de presupuesto en mi trabajo y quedé fuera, y mi madre estuvo literalmente al borde de la muerte (¡Gracias a un verdadero milagro de Dios ella está viva y recuperándose!). Todo esto me hizo analizar y cuestionar mi vida entera. Entendí que absolutamente todos los bienes materiales son reemplazables, pero la pérdida de un ser amado es irremplazable… me di cuenta que he pasado toda mi vida adulta esforzandome por lograr cosas volátiles, invirtiendo mi dinero y tiempo en las cosas superfluas.

   Llevo un mes depurando mi casa y todavía me falta. Curiosamente cuando empece a sacar cosas me di cuenta del gran apego y lazos que hacemos hacia los objetos, ¡como si fueran personas! Ha sido un proceso dificil, sobre todo cuando pensé en vender mis muebles de adorno y aparatos electrónicos recreativos para pagar mi deuda bancaria y poder invertir mi dinero en cosas básicas; fue aquí cuando entré en toda una semana de horrible ansiedad; empecé con un conflicto interno sintiendo que me ahogaba y que me iba quedar vacía sin ellos. Después de todo trabajé horas extras para comprar mis muebles, son mi pasión ¿por qué habría de soltarlos? Pero fue aquí precisamente donde me di cuenta que valor tan grande le he otorgado a las cosas materiales, a todo eso que es pasajero y momentaneo. Entonces después de mucho llorar, entendí que el propósito no era soltar mis cosas, sino soltar el apego que tengo hacia las cosas. Decidí poner mis muebles en venta, para mi suerte o desventaja no se cual de las dos, se vendió todo en dos días. Y tengo que confesar que ¡nunca me sentí tan libre! Soltar mis apegos, soltar mis muletas de seguridad, entender que todo lo que necesito en la vida lo llevo adentro de mi y que la felicidad está en mi mente y no en las cosas externas me ha traído inmensa satisfacción. Ahora prefiero salirme a caminar,(cosa que nunca antes hacía por estar pegada a mis aparatos electrónicos) y estoy aprendiendo apreciar la belleza de la naturaleza y las cosas simples.

Y esto ha sido mi primer mes en el minimalismo, soltar apegos y todo aquello que me tenía atada y enferma, que me estaba privando de enfocarme en lo que realmente importa en la vida: las relaciones y la salud. Termino este post con el lema de Joshua & Ryan de Minimalists:

“Ama a las personas y usa las cosas, porque la forma contraria nunca funciona.”

 

 

Redes Sociales: ¿Un mal necesario?

 

    Después de haber estado 8 meses sin ningún tipo de red social y haber regresado, creo que ahora puedo dar una opinión un poco mas objetiva sobre las redes. Estaba debatiendo conmigo misma si poner este post o no, ya que es un pensamiento muy muy personal. Pero decidí ponerlo, quizá haya alguien que se identifique con mi sentir y que pueda tomar algo bueno de mi experiencia.

 

    El año pasado cerré todas mis cuentas de redes sociales, fue algo progresivo mas que de jalón. Empece cerrando facebook en Junio, y luego le siguieron good reads, tumblr, flickr, instagram, blogspot, vimeo, y pinterest (sí, ¡todas esas cuentas tenía!) :S  Para Septiembre ya no tenía ni una sola abierta. Hace 2 meses reabrí instagram y pinterest, y son básicamente las únicas que decidí volver a utilizar. Pero al parecer durante estos meses algo cambió dentro de mi, y ahora puedo ver cosas que antes no veía, y es precisamente lo que quiero compartir.

Decidí desconectarme de todo el ruido externo para conectarme con mi interior y entender que rayos me estaba pasando. Hace exactamente un año estaba muy enferma… no solo físicamente, sino emocionalmente, mentalmente y espiritualmente. Mi vida iba en picada desde unos años hacia acá, iba deslizandome cuesta abajo y no tenía freno. No me voy a poner hablar sobre todo lo que estaba viviendo internamente, pero basta con decir que los frecuentes ataques de pánico, los episodios depresivos y las incontables noches de insomnio ya se estaban volviendo parte de mi. Hubo una serie de acontecimientos desafortunados que en realidad ahora veo fueron mi mas grande bendición. Fueron ese freno que necesitaba, estas situaciones me pararon en seco y me quebré completamente, pero, ¡eso era exactamente lo que necesitaba! Por fin pude entender que necesitaba hacer un alto a TODO y dedicarme exhaustivamente a la introspección y a hacer cambios verdaderamente profundos y reales.

¿Qué tiene esto que ver con las redes sociales? ¡Nada y todo! Obviamente los problemas internos que traía nada tenían que ver con las redes sociales, sin embargo ahí es donde se reflejan, como una clase de espejo. Todo este vacío interno que traía, toda esta insatisfacción, el anhelo por la aceptación y la aprobación lo trataba de llenar con las redes sociales. Se convierten en un tipo de sedante/calmante y en muchas ocasiones hasta una adicción para adormecer el vacío que llevaba dentro. Ahora puedo abiertamente admitir el miedo que le tenía a la soledad; por muchos años estar callada con mis pensamientos era como una tortura, me comenzaba a dar muchísima ansiedad y tenía que SIEMPRE tener la mente ocupada. Inclusive cuando estaba viendo la tele, ni siquiera podía enfocarme en lo que estaba viendo porque dejar de hacer algo implicaba que  llegaran esos pensamientos de ansiedad y tristeza. Así que, hacía lo que muchos otros hacen: ver la tele mientras estoy viendo el “feed,” dando likes, contestando mensajes, subiendo fotos y escribiendo comentarios. Hay algo tan envolvente de ellas… la gratificación inmediata, la aprobación, la “aceptación,” la aparente felicidad, el reconocimiento, el sentirte que tienes voz y estilo… no lo sé, son tantas cosas que uno encuentra ahí sin darse cuenta que todo es virtual y pasajero.

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Cuando dejé las redes sociales y me limité a navegar en internet, lo primero que tuve que enfrentar fue ese monstruo de la soledad y depresión que me carcomía por dentro… y fue ¡horrible! Tuve que aprender a estar sola con mis pensamientos y permitir que toda esa bola de emociones que tenía enterradas en lo mas profundo de mi ser salieran a flote sin buscar distracciones o sedantes… las dejé salir así crudas tal cuál, me permití sentir el dolor en todo su esplendor. Y si, los primeros meses sentía que me ahogaba; eran tantas las emociones que guardaba: sentimientos de ira, rechazo, miedo e injusticia, todas ellas salían a borbotones asustándome de verlas por primera vez cara a cara. Como cuando vomitas y sientes repulsión por lo que ves pero después llega una sensación de bienestar, ¡disculpen la comparación! Pero así se siente sacar toda esa porquería de emociones y pensamientos que llevan décadas ahí adentro pudriéndose. Una vez que confronté todo esto aprendí muchísimas lecciones valiosas (las cuáles no voy a escribir por ahora para no salirme del tema), y decidí conectarme a las redes de nuevo porque me sentía lista.

Llevo dos meses de regreso, y tantas cosas que antes no veía ahora me son evidentes, creo porque yo misma estaba tan envuelta en este mar de soledad que me dejaba llevar por la corriente. Ahora puedo ver a las muchas personas que al igual que yo están desviviendose gastando enormes cantidades de dinero para llamar la atención, para ser reconocidas, para recibir amor, aceptación, aprobación y admiración. Puedo ver a todas esas mujeres que se editan la cara y el cuerpo en las fotos para lucir perfectas y sentirse amadas y aceptadas. Puedo ver a todos aquellos que ponen a un lado sus valores y convicciones con tal de estar a la moda o ser alguien importante en la vida.  Puedo ver el estrés y la ansiedad que genera el querer llevar una vida perfecta digna de fotografiar. Puedo ver la sociedad consumista que somos y como permitimos que grandes corporaciones que solo les interesa el dinero nos digan como vivir nuestra vida, como vestirnos, que comer, que amistades tener, que nos dicten que es aceptable y que no, que nos den la definición de la felicidad, la belleza y el éxito… y todo para ellos hacerse más ricos. Veo a todos aquellos que igual que yo están buscando  darle un propósito a su vida llenándose de bienes materiales y están buscando la felicidad en las cosas superfluas creyendo que ahí la van encontrar. ¿Y por que habríamos de buscarla en otro lado si esto es lo que la sociedad nos enseño desde que éramos pequeños?

No tengo nada en contra de las redes sociales y el internet, ¡de verdad! Mis mejores amigos los conocí en instagram, no puedo acusar a una plataforma que me ha dado tanto. Y también hay mucha gente honesta que está ahí para compartir, aprender y divertirse, pero me atrevo a decir que son pocas en comparación. Simplemente es evidente que cosas buenas como los bienes materiales y las redes sociales las hemos distorsionado y las hemos convertido en dioses que ahora nos esclavizan. Algo que quizá fue creado con la buena intención de acercar gente de pronto se convirtió en el modelo de como debería ser una “vida perfecta.” El problema no son las redes sociales, el problema somos nosotros como sociedad, el manejo que le damos y el error de querer buscar en ellas y en cosas externas la felicidad que solo vamos a encontrar dentro de nosotros. El problema es algo mas serio y mucho mas profundo que una plataforma virtual. El problema es que continuamos evadiendo esas emociones no resueltas, y las queremos ahogar con distracciones y adicciones.

¿Voy a seguir usando redes sociales? Por ahora me empiezo a conectar mas esporadicamente, y queizá un dia me desconecte definitivamente. Mas que nada estoy buscando un balance entre vivir una vida llena de sentido y propósito al mismo tiempo de poder combinarla con este ámbito recreativo y divertido. Pero quizá estos meses que estuve en el silencio me hicieron ver la vida diferente: empecé a descubrir la belleza y la felicidad profunda que surge de estar agradecido por todo lo que la vida me trae sin estar buscando tener mas o ser alguien que no soy. Comencé apreciar la simpleza de la vida, comencé a disfrutar los momentos aburridos, aún cuando estaba parada en un semáforo o en la fila para cruzar la frontera. Ahora estar en silencio y sin ningún tipo de distracción se ha convertido en mi momento mas preciado. Mi vida comenzó a tener sentido y ese mounstruo que me carcomía por dentro empezó a desaparecer. También estoy empezando a practicar la filosofía de la vida minimalista: de vivir solo con lo que necesito, vivir con lo suficiente y con lo que le agrega valor a mi vida y de verdad he sentido una genuina paz. En mi próximo post voy hablar más del minimalísmo y los cambios internos y externos que conlleva.

Es raro cuando tratas de retomar tu vida anterior y te das cuenta que algo dentro de ti cambió, algo que nunca va regresar, y quiero ser honesta y aclarar que ¡mi vida no se ha resuelto! estoy muchísimo muy lejos de llegar al punto de una sanidad total, pues es un proceso lento que requiere mucha disciplina y constancia. Pero digamos que empiezo a ver la luz al final del túnel, y lo que es lo más gratificante, es que puedo voltear atrás y ver que no estoy donde estaba hace un año; ni emocionalmente, ni espiritualmente, ni mentalmente.

 Como dije al principio, este post fue con el propósito de expresar mi opinión personal. No estoy tratando de convencer de nada, solo comparto esta experiencia de que el estar lejos del ruido de las redes sociales me ha permitido ver la vida de una manera distinta. Y también porque pienso este es el comienzo de una nueva etapa en mi vida, una que me está trayendo paz, libertad y felicidad genuina y que quiero compartir con otros que se que al igual que yo están buscando vivir una vida llena de propósito.

´Till We Have Faces

 

“I know, God, why you utter no answer. You are yourself the answer. Before your face all questions die away. What other answer would suffice?”

C.S. Lewis – ´Till We Have Faces

 

Hace unos días terminé de leer esta gran novela de mi autor favorito. Es curioso como los libros llegan a tus manos en los momentos indicados, como si el tiempo estuviera sincronizado de alguna manera bizarra y llegan para reforzar enseñanzas que la vida misma te está enseñando. No quiero platicar el libro entero, pero en resumen el personaje principal, Orual (de la mitología griega), pasa todo el libro enojada exigiendo respuestas al dios de la montaña por una cierta situación. La respuesta nunca llega, pero en su lugar al final ella comprende una verdad muchísimo mas grande que su situación… y es que Dios es suficiente.

Me identifico con el personaje, entiendo perfectamente bien lo que es no entender la manera en que la vida procede, y lo terriblemente difícil que es aceptar una realidad que no concuerda con la que se tenía visualizada. Entiendo el dolor y el enojo de perder algo por lo cuál te esforzaste, tener que soltar lo que mas amas y lo que es querer esconder tu rostro detrás de un velo por vergüenza y miedo al rechazo. Y curiosamente por mas que debatas, analices, cuestiones, argumentes y huyas como Orual lo hacía, siempre vas a toparte con este gran muro, y ese muro es Dios.

Esa es la realidad… así de cruda y así de simple. No es necesario tener todas las respuestas, solo aceptar que su gracia es suficiente y que su amor es suficiente… no hay nada más fuera de él.